FOTODENUNCIA y su declive

El 6 de marzo de 2008 Greenpeace España puso en marcha el ambicioso proyecto fotodenuncia, un espacio en internet en el que cualquier ciudadano puede denunciar cualquier tipo de agresión medioambiental que observe en territorio español.

La idea es muy sencilla: una persona descubre una irregularidad medioambiental, le saca una foto, entra en fotodenuncia.greenpeace.es, acepta las condiciones de participación, y sube su foto con un pequeño comentario y especificando en qué lugar ha sido tomada. En un momento ha colaborado con su propia fotodenuncia.

El resultado es espectacular, pues Greenpeace ha aprovechado el servicio Google Maps para darle una unicidad visual a las denuncias, gracias a la cual el internauta puede observar como España, en toda su extensión, se va llenando de denuncias de todo tipo. Esto dota, sin duda, de gran poder visual a la iniciativa. Además se permiten filtrar las denuncias según versen sobre aguas, bosques, cambio climático, contaminación, costas o transgénicos.

Este servicio sirve, pues, tanto para dar voz sobre esta clase de asuntos al ciudadano de a pie, colectivos y asociaciones, de una forma fácil hasta ahora inexistente; así como para dar a conocer, a todo aquel que esté interesado, cómo, exactamente, el medioambiente español está siendo atacado.

Se puede intuir el gran potencial de esta herramienta web en cuanto a participación y concienciación ciudadana se refiere. De hecho su arranque fue prometedor: 205 situaciones  denunciadas en los primeros siete días.

Sin embargo, y desgraciadamente, a pesar de su relativo éxito durante los primeros meses de vida, éste parece haberse ido evaporando a lo largo de estos más de tres años.  Los medios han dejado de hablar de esta iniciativa, nadie parece ya recordarla y tan sólo se mantiene gracias a unos pocos fotodenunciantes que se niegan a desistir.

¿Qué es lo que ha pasado para que un proyecto tan ambicioso como este se haya visto arrastrado al olvido en poco más de tres años? Aunque nosotros desde aquí tan sólo podemos hacer suposiciones, todo parece apuntar a la poca trascendencia que las denuncias han logrado tener.

Greenpeace ya advirtió desde el inicio (y así se refleja en las condiciones de participación) que el envío de una denuncia, no implica ninguna responsabilidad ni acción por su parte. No obstante, por ejemplo, tras la publicación de la fotografía, la organización envía al fotodenunciante un mail con recomendaciones sobre cómo puede denunciar formalmente la situación y a qué medios puede acudir para poner de manifiesto que existe dicho problema y que es necesaria una solución.

También se intentó dar protagonismo a las fotodenuncias seleccionando cada semana una de ellas como motivo de inspiración de un artículo que sería publicado en su blog. Sin embargo, conforme pasaban los meses, el tiempo entre publicación y publicación de estas entradas aumentaba,  hasta que, hace menos de un año, se decidió trasladar el blog, que era editado inicialmente en la plataforma wordpress, a la propia web de la organización, dando sepultura al tema. Creyeron oportuno, aprovechar la “renovación” para, al menos temporalmente, desterrarlo (salvo por un único y último artículo).

La cuestión es que no se ha conseguido, ni se ha tenido especial voluntad, en pasar a un segundo plano de acción.  Esto ha impedido que el proyecto adquiera especial trascendencia y  ha mermado considerablemente la motivación y participación de los usuarios. Otra explicación más optimista sería que se han agotado los temas de denuncia, cosa verdaderamente improbable, pero que ojalá fuera cierta.

Sea por la razón que sea, es una verdadera pena que se eche a perder una iniciativa con tantas posibilidades como esta.  De hecho harían falta más servicios, que valiéndose de las enormes posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías web, potencien la colaboración ciudadana, pero que verdaderamente sirvan de algo. Esperemos que Greenpeace no deje morir fotodenuncia, que se de cuenta de la poderosa herramienta que tiene entre sus manos y le de una segunda y más pletórica vida.

A. Aguilera